Necesito escribir un poco, ahora mismo estoy metido en un periodo de agobio entre una cosa y otra del que no tengo cojones de salir... Tengo una increíble necesidad de hacer cosas a todas horas tío, con el único fin de evadirme de todos los frentes que tengo abiertos por resolver.
Para empezar, me queda un mes y medio de mierda aquí en Melilla, lo que me hace pensar constantemente que estoy perdiendo el tiempo metido en mi casa como un topo, pudiendo hacer un montón de cosas que no podré hacer cuando me vaya, que sí, que no me muero ni me mudo para siempre, pero son seis meses a tener muy en cuenta, y para no perder todo ese tiempo debería de estar haciendo montones de cosas que no estoy haciendo. Quedar con los amigos, que es algo de lo que tengo ganas, pero entre que la mitad están fuera y el resto sólo dan señales de vida por las redes sociales, no hay forma; quiero levantarme a hacer deporte por las mañanas, pero claro, acostándome tarde, pues irse a hacer deporte a las 12 de la mañana que me levanto, pues no es muy favorable para la salud que se diga; y bueno, ella me está volviendo loco, tanto para bien como para mal, porque yo quiero, ella podría ser que también, y ese hecho de que lo parezca pero yo no tenga claro nada, me tiene también en el lío.
Por otro lado, metiéndonos de lleno en Austria, no tengo nada listo, pero nada de nada, lo que es nada. Bueno, lo único es que mi madre no para de pedirme ropa térmica de internet, que estoy empezando a creer que voy algo más al norte que Austria, porque no es normal. Con la de cosas que debería estar haciendo, pero estoy desganado cien por cien de casi todo. Debería estar repasando alemán, porque estoy muy verde, pero es que, quien se pone con alemán con este calor y este buen tiempo, se me hace muy pesado solo pensarlo, pero bueno, de aquí a unos días me tendré que sentar a repasar un poco aunque sea un par de horitas, por eso del interés por sobrevivir allí y esas tonterías mías.
Empieza el instituto, y tengo que seguir el ritmo que lleven, aunque sea menos de un mes lo que vaya a dar clases allí, algo que veo un tanto absurdo, no sé vosotros. Pudiendo utilizar ese tiempo para dedicárselo al alemán... Pero en fin.
Voy a echarlos tanto de menos tío, pero bueno, mejor que arrepentirme el resto de mi vida por desaprovechar una oportunidad como esta, digo que yo que compensa. Aunque espero mantener contacto con ellos, y que me informen todos de sus movidas y periqueos, jajaja.
Bueno, creo que tenía más cosas que contaros, pero no estoy ni lo suficientemente lúcido ni lo suficientemente de humor como para seguir contando hoy mis rayadas. De aquí a nada empiezo a hacer burradas por la calle, necesito algo que hacer, en lo que estar pendiente o entretenido, a ver que va surgiendo por ahí.
Enga chavales, a disfrutar de lo poquito que queda al máximo. Suerte ;)
Gracias por aguantarme, y hasta la próxima.
Pizza boloñesa y de atún, fútbol, camisetas de fútbol. 26M Ser feliz, aunque sea a ratos, y darle un sentido a esto que llaman vida.
22 de agosto de 2013
14 de agosto de 2013
Un puente entre Melilla y Madrid..
Bueno chavales, tenía muchas ganas de dedicarle un buen rato a esta entrada, ya que es la que lógicamente debería haber colgado primero. Pero bueno, ya me he vuelto a adaptar a mi mierda y no tan mierda diaria.
Como ya sabéis, hace apenas dos semanas volví de mi campamento de verano en una sierra de Madrid, Cercedilla. Cuando llegamos allí tras casi ocho horas de viaje en autobús, el primer encuentro con los chavales de Madrid fue ciertamente agresivo, poco receptivo por ambas partes. Como iba a pasar, nos acabamos juntando poco con los que compartíamos más gustos y aficiones. Entonces descubrimos que somos todos iguales, nadie superior a nadie, y que podíamos convivir con gente a la que no conocíamos de nada. También conocí a gente espectacular de Melilla que no conocía de antes, y más de lo mismo.
El tema de las habitaciones fue un poco lío al llegar, las niñas querían las mejores habitaciones para ellas, y yo, con mi tranquilidad, pues me quedé el último, o uno de ellos, así que no pude compartir habitación con mi colega, Carlitos Saura, con quien había apuntado al campamento. Acabé conviviendo con un grupo de chavales que venían todos de una misma urbanización, en la cual yo era el "+1", jajaja. Pero por cosas de la vida, y de Tete, tuve que mudarme la tercera noche, a la habitación 206, donde estuve con el gran Parrini, que hizo que nos conociesen después como "Los jefes de la 206", Jose Cobra y Antonio Cerdán, de todos he aprendido muchas cosas la verdad, cosas que nunca había llegado a pensar, jajaj. Y con estos tres chavales compartí habitación el resto del campamento.
Tuvimos siete monitores para apenas cincuenta niños y niñas que eramos, y sinceramente, hubiese habido otro clima general de haber sobrado dos o tres de ellos, no de todos ellos puedo decir que me lleve buenos recuerdos, pero bueno, no en todas partes vamos a encontrar a la mejor gente. Pero no me apetece extenderme demasiado en este punto. Sólo decir que, Castells, Daniela, Hierbas, y Alicia, GRANDES.
He hecho muchos amigos de Madrid, de los que probablemente me acuerde durante mucho tiempo, y de los que no me gustaría olvidarme, y he vivido sensaciones fantásticas, y no tan buenas, otras que aún permanecen aquí en Melilla. Todos estos sentimientos que os cuento fueron reflejados el último día, por la mañana, cuando en una reunión de biodanza, quisiésemos o no, un gran noventa por ciento acabamos llorando. Muy bonito todo, pero vamos, no muy relevante. Esa última noche hubo cena por parejas, yo pensaba que acabaría yendo solo, o con un tío, pero por otro lado tenía casi claro que iba a ir con ella, lo que acabó ocurriendo, muy a pesar de dos o tres chavales que estaban con ella a tope y que pretendían tener algo con ella, pero bueno, eso es una anécdota muy graciosa que no es momento de contar. Esa madrugada estuvimos de juegos los chavales hasta que llegó nuestro autobús a las cinco de la madrugada; semáforo, cartas y entanadas por las habitaciones de las niñas. Hicimos las maletas con caras de amargamiento, y las bajamos a la puerta del albergue con más cara de pena aún.
Y nada, muchos se pusieron a llorar, yo no era de ellos, porque eran casi las 5 de la mañana, y la verdad es que me importó todo más una mierda de lo que debiese, yo entanao en una silla con mis casquitos, como fue mi tónica en el campamento, esperando a que llegase el autobús abrazando a los que me venían llorando. Una tragedia todo.
Ahora tenemos un grupo de whatsapp, en el que no se calla ni dios, pero que a pesar de eso se les soporta.
Pues eso, aquí lo lleváis. Esto va dedicado a mis chavales y chavalas tanto de Madrid como de Melilla, y los monitores que quizá lean esto en algún momento.
Gracias, y hasta siempre.
Como ya sabéis, hace apenas dos semanas volví de mi campamento de verano en una sierra de Madrid, Cercedilla. Cuando llegamos allí tras casi ocho horas de viaje en autobús, el primer encuentro con los chavales de Madrid fue ciertamente agresivo, poco receptivo por ambas partes. Como iba a pasar, nos acabamos juntando poco con los que compartíamos más gustos y aficiones. Entonces descubrimos que somos todos iguales, nadie superior a nadie, y que podíamos convivir con gente a la que no conocíamos de nada. También conocí a gente espectacular de Melilla que no conocía de antes, y más de lo mismo.
El tema de las habitaciones fue un poco lío al llegar, las niñas querían las mejores habitaciones para ellas, y yo, con mi tranquilidad, pues me quedé el último, o uno de ellos, así que no pude compartir habitación con mi colega, Carlitos Saura, con quien había apuntado al campamento. Acabé conviviendo con un grupo de chavales que venían todos de una misma urbanización, en la cual yo era el "+1", jajaja. Pero por cosas de la vida, y de Tete, tuve que mudarme la tercera noche, a la habitación 206, donde estuve con el gran Parrini, que hizo que nos conociesen después como "Los jefes de la 206", Jose Cobra y Antonio Cerdán, de todos he aprendido muchas cosas la verdad, cosas que nunca había llegado a pensar, jajaj. Y con estos tres chavales compartí habitación el resto del campamento.
Tuvimos siete monitores para apenas cincuenta niños y niñas que eramos, y sinceramente, hubiese habido otro clima general de haber sobrado dos o tres de ellos, no de todos ellos puedo decir que me lleve buenos recuerdos, pero bueno, no en todas partes vamos a encontrar a la mejor gente. Pero no me apetece extenderme demasiado en este punto. Sólo decir que, Castells, Daniela, Hierbas, y Alicia, GRANDES.
He hecho muchos amigos de Madrid, de los que probablemente me acuerde durante mucho tiempo, y de los que no me gustaría olvidarme, y he vivido sensaciones fantásticas, y no tan buenas, otras que aún permanecen aquí en Melilla. Todos estos sentimientos que os cuento fueron reflejados el último día, por la mañana, cuando en una reunión de biodanza, quisiésemos o no, un gran noventa por ciento acabamos llorando. Muy bonito todo, pero vamos, no muy relevante. Esa última noche hubo cena por parejas, yo pensaba que acabaría yendo solo, o con un tío, pero por otro lado tenía casi claro que iba a ir con ella, lo que acabó ocurriendo, muy a pesar de dos o tres chavales que estaban con ella a tope y que pretendían tener algo con ella, pero bueno, eso es una anécdota muy graciosa que no es momento de contar. Esa madrugada estuvimos de juegos los chavales hasta que llegó nuestro autobús a las cinco de la madrugada; semáforo, cartas y entanadas por las habitaciones de las niñas. Hicimos las maletas con caras de amargamiento, y las bajamos a la puerta del albergue con más cara de pena aún.
Y nada, muchos se pusieron a llorar, yo no era de ellos, porque eran casi las 5 de la mañana, y la verdad es que me importó todo más una mierda de lo que debiese, yo entanao en una silla con mis casquitos, como fue mi tónica en el campamento, esperando a que llegase el autobús abrazando a los que me venían llorando. Una tragedia todo.
Ahora tenemos un grupo de whatsapp, en el que no se calla ni dios, pero que a pesar de eso se les soporta.
Pues eso, aquí lo lleváis. Esto va dedicado a mis chavales y chavalas tanto de Madrid como de Melilla, y los monitores que quizá lean esto en algún momento.
Gracias, y hasta siempre.
CERCEDILLA '13
9 de agosto de 2013
Aprendí y decidí.
Bueno amigos, aquí os dejo una bonita historia que nos enseñó una grandísima monitora en el campamento del que volví hace apenas diez días, tema que ya tocaré. En fin, espero que os guste tanto como me gustó a mí. Gracias, y hasta la próxima..
"Aprendí y decidí"
Y así, después de esperar tanto, un día como cualquier otro decidí triunfar…
Decidí no esperar a las oportunidades sino yo mismo buscarlas.
Decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución.
Decidí ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis.
Decidí ver cada noche como un misterio a resolver.
Decidí ver cada día como una nueva oportunidad de ser feliz.
Aquel día descubrí que mi único rival no eran más que mis propias debilidades.
Y que en éstas, está la única y mejor forma de superarnos.
Aquel día dejé de temer a perder y empecé a temer a no ganar.
Descubrí que no era yo el mejor y que quizás nunca lo fui.
Me dejó de importar quién ganara o perdiera.
Ahora me importa simplemente saberme mejor que ayer.
Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima.
Sino jamás dejar de subir.
Aprendí que el mejor triunfo que puedo tener, es tener el derecho de llamar a alguien Amigo.
Descubrí que el amor es más que un simple estado de enamoramiento.
El amor es una filosofía de vida.
Aquel día dejé de ser un reflejo de mis escasos triunfos pasados.
Y empecé a ser mi propia tenue luz de este presente.
Aprendí que de nada sirve ser luz sino vas a iluminar el camino de los demás.
Aquel día decidí cambiar tantas cosas.
Aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad.
Desde aquel día ya no duermo para descansar.
Ahora simplemente duermo para soñar…” Walt Disney.
"Aprendí y decidí"
Y así, después de esperar tanto, un día como cualquier otro decidí triunfar…
Decidí no esperar a las oportunidades sino yo mismo buscarlas.
Decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución.
Decidí ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis.
Decidí ver cada noche como un misterio a resolver.
Decidí ver cada día como una nueva oportunidad de ser feliz.
Aquel día descubrí que mi único rival no eran más que mis propias debilidades.
Y que en éstas, está la única y mejor forma de superarnos.
Aquel día dejé de temer a perder y empecé a temer a no ganar.
Descubrí que no era yo el mejor y que quizás nunca lo fui.
Me dejó de importar quién ganara o perdiera.
Ahora me importa simplemente saberme mejor que ayer.
Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima.
Sino jamás dejar de subir.
Aprendí que el mejor triunfo que puedo tener, es tener el derecho de llamar a alguien Amigo.
Descubrí que el amor es más que un simple estado de enamoramiento.
El amor es una filosofía de vida.
Aquel día dejé de ser un reflejo de mis escasos triunfos pasados.
Y empecé a ser mi propia tenue luz de este presente.
Aprendí que de nada sirve ser luz sino vas a iluminar el camino de los demás.
Aquel día decidí cambiar tantas cosas.
Aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad.
Desde aquel día ya no duermo para descansar.
Ahora simplemente duermo para soñar…” Walt Disney.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

